
Mitología griega
Táuride es una región remota de la costa del mar Negro en la mitología griega, vinculada sobre todo con Ifigenia, Orestes y la imagen sagrada de Artemisa. Su importancia reside en que funciona como sede de un santuario extranjero y prolonga la tradición según la cual Ifigenia fue llevada por la diosa después del sacrificio de Áulide.
Táuride se sitúa junto al mar Negro y aparece en el relato como una región costera alejada de la Grecia continental. El templo de Artemisa donde sirve Ifigenia se alza cerca del mar, y Orestes y Pílades llegan también en barco a sus costas.
En la tradición de Ifigenia, Táuride es la tierra extranjera donde Artemisa la instala. En el altar de Áulide, Ifigenia debía ser sacrificada a la diosa; según otra versión, Artemisa la sustituyó por una cierva y la llevó a Táuride, donde la convirtió en sacerdotisa de su templo.
Dentro del ciclo de Táuride, la región es también uno de los destinos del viaje expiatorio de Orestes. El oráculo de Apolo le ordena ir allí y traer de vuelta la imagen de Artemisa para librarse de la persecución de las Erinias. Por eso Táuride no es solo un nombre lejano en el mapa mítico, sino el punto donde se cruzan el exilio de Ifigenia, la purificación de Orestes y la tradición del traslado de la imagen divina.
El relato sitúa Táuride en la costa del mar Negro y destaca su litoral, su templo y su altar. La región está gobernada por el rey Toante, y sus habitantes veneran a Artemisa; los extranjeros griegos que llegan arrastrados por las tormentas o son capturados allí son enviados al templo para ser sacrificados. La costa es también el lugar clave del plan de huida de Ifigenia: con el pretexto de purificar con agua de mar a los cautivos y la imagen sagrada, conduce a Orestes, Pílades y la estatua hasta el punto donde está fondeada la nave.
En "Ifigenia en Áulide" se menciona este lugar: después de que Artemisa salva a Ifigenia ante el altar, una tradición sostiene que la joven fue llevada a la lejana Táuride.
En "Ifigenia entre los tauros", Táuride es el escenario principal. Ifigenia sirve allí como sacerdotisa de Artemisa; Orestes y Pílades llegan en busca de la imagen divina, los dos hermanos se reconocen ante el templo y finalmente escapan desde la costa de Táuride de regreso a Grecia.