
Mitología griega
El Laberinto es el recinto cerrado y complejo del ciclo cretense de Teseo, construido por Dédalo para el rey Minos de Creta con el fin de encerrar al Minotauro. Su importancia radica en que concentra en un mismo lugar el poder de Minos, el tributo impuesto a Atenas, el hilo de Ariadna y la hazaña de Teseo al matar al monstruo.
El Laberinto se sitúa en la isla de Creta y, en los relatos, suele colocarse cerca del palacio de Minos; la tradición estable también lo asocia con Cnosos. No es una residencia ordinaria, sino un espacio cerrado formado por pasadizos tortuosos, muros semejantes, puertas y una entrada, de modo que quien penetra en él difícilmente puede reconocer por sí solo el camino de regreso.
En la mitología griega, el Laberinto es ante todo un lugar de encierro. Minos mantiene al Minotauro, mitad hombre y mitad toro, en sus profundidades, para impedir que la criatura salga al exterior y para que quienes son enviados allí apenas tengan posibilidades de escapar con vida. Los jóvenes y las doncellas que Atenas debe mandar periódicamente a Creta son llevados a ese lugar como tributo, por lo que el Laberinto se convierte en un espacio simbólico de la subordinación ateniense ante Creta.
El lugar también muestra la pericia técnica de Dédalo. Los relatos subrayan la complejidad de su estructura: los corredores se enroscan, tras un muro aparece otro muro, y tras una puerta, otra puerta, hasta que el visitante pierde pronto la orientación. Su función no es alojar, sino atrapar; incluso después de matar al monstruo, encontrar la salida sigue siendo otro peligro.
En la historia de Teseo, el Laberinto es además el escenario central de la prueba heroica. Teseo se sirve del ovillo que Ariadna le entrega: va soltando el hilo desde la entrada mientras avanza hacia el interior, mata al Minotauro y luego vuelve siguiendo el mismo hilo. La estructura del Laberinto hace que la ayuda de Ariadna sea una parte indispensable de la victoria.
El Laberinto forma parte de la geografía mítica de Creta y se relaciona con el palacio de Minos, la costa cretense y la ruta marítima del tributo que va de Atenas a Creta. En los relatos, los jóvenes y doncellas viajan primero por mar desde Atenas hasta Creta y luego son conducidos al entorno del palacio de Minos y del Laberinto; después de escapar, Teseo también abandona la isla en barco desde la costa cretense.
En una formulación más concreta de la tradición, el Laberinto suele vincularse con el palacio de Cnosos, en Creta. Sin embargo, en las narraciones pertinentes funciona sobre todo como un recinto cerrado cercano al palacio de Minos, no como una unidad geográfica real con límites precisos.
En "Dédalo e Ícaro" se menciona este lugar: Dédalo construye en Creta el Laberinto para Minos, y el Minotauro queda encerrado en él; después de que Teseo escapa del Laberinto, Minos sospecha que Dédalo ha revelado el modo de salir y por ello restringe la partida de Dédalo e Ícaro de Creta.
En "Teseo y el Minotauro" se menciona este lugar: los jóvenes y doncellas de Atenas son enviados al Laberinto, y Teseo, con la ayuda del hilo de Ariadna, entra hasta sus profundidades, mata al Minotauro y conduce a sus compañeros de regreso a la entrada.
En "Ariadna y Teseo" se menciona este lugar: el Laberinto es el escenario clave de la ayuda que Ariadna presta a Teseo; el hilo se extiende desde la entrada hacia los pasadizos oscuros, permitiendo que Teseo encuentre el camino de vuelta después de matar al monstruo.