
Mitología griega
El río Erídano es, en la mitología griega, el río asociado con la caída y sepultura de Faetón. Su importancia procede sobre todo del desenlace del carro solar desbocado y de las tradiciones de duelo y transformación situadas después en sus orillas.
El río Erídano se encuentra en la lejana ribera a la que llega Faetón tras caer del cielo. El relato no fija con precisión su ubicación terrestre, sino que lo presenta como el río y la orilla que reciben el cuerpo de Faetón y acogen su tumba.
En el relato de Faetón, el río Erídano es el lugar donde termina la catástrofe. Faetón fracasa al conducir el carro solar de Helios y pone en peligro el cielo y la tierra con el fuego; después de que Zeus lo alcanza con su rayo, cae del carro y va a parar junto al río Erídano. Sus aguas reciben el cuerpo, y la ribera se convierte en lugar de sepultura y duelo.
En el relato, el río Erídano no aparece como ruta de navegación ni como frontera de una ciudad, sino como el río donde se concentran la caída, el entierro y la metamorfosis. El espacio narrativo se centra en el agua, la orilla y la tumba: las ninfas del río se compadecen de Faetón y lo entierran en la ribera; las Helíades lloran junto a la tumba y más tarde se transforman en álamos a la orilla del río; Cicno también lamenta su muerte cerca del agua y acaba convertido en cisne.
En "Faetón" se menciona este lugar: tras ser derribado por el rayo de Zeus, Faetón cae junto al río Erídano; luego sus hermanas, las Helíades, lloran en la orilla, se transforman en álamos y sus lágrimas se endurecen en ámbar.