
Mitología griega
Delfos es el santuario oracular de Apolo situado al pie del monte Parnaso y uno de los lugares de consulta más importantes de la mitología griega. Es célebre por la tradición en la que Apolo mata a la serpiente Pitón, funda el santuario y transmite su voluntad por medio de la sacerdotisa.
Delfos se sitúa en la zona del monte Parnaso, asociado a laderas, valles, manantiales y caminos de montaña que conducen al recinto sagrado. En los relatos aparece como un lugar santo formado por rocas, aguas claras, laureles y altares, al que llegan visitantes de lejos para ofrecer sacrificios y consultar a Apolo.
En la mitología griega, Delfos es ante todo el centro oracular de Apolo. El dios llega al pie del monte Parnaso, mata a la gran serpiente Pitón que habitaba cerca de los manantiales y los valles, se adueña del lugar y lo convierte en un santuario al que los humanos acuden para preguntar por el futuro, buscar purificación o escuchar la voluntad divina.
El oráculo de Delfos no sirve solo a consultantes comunes, sino que también influye en giros decisivos de los relatos heroicos. Heracles acude a Delfos después de matar a sus familiares para preguntar cómo expiar su culpa; el oráculo le ordena obedecer a Euristeo, dando comienzo a sus largos trabajos. Más tarde, tras la muerte de Ífito, vuelve a consultar en Delfos, y el oráculo determina de nuevo que debe servir a otro como forma de expiación.
El Delfos de los relatos está vinculado al monte Parnaso, los valles, los manantiales y los caminos de montaña. Cuando Apolo busca un lugar para su santuario, llega allí y ve rocas, pinos, laureles, aguas claras y espacios abiertos adecuados para levantar un altar y un templo. Pitón, por su parte, es descrita como una gran serpiente apostada junto a la fuente, entre cuevas y sombras de árboles, lo que da a ese valle un carácter peligroso antes de la llegada de Apolo.
Estos rasgos del terreno y de la naturaleza se mantienen en los relatos como escenarios concretos: el manantial es el lugar donde aparece Pitón y donde se consuma la victoria de Apolo; la ladera es el espacio desde el que el dios abate a la serpiente; y el camino de montaña es la vía por la que fieles y consultantes entran en el santuario.
La tradición délfica conserva el recuerdo de Pitón. Los relatos cuentan que, después de que Apolo matara a la serpiente, su nombre permaneció en una antigua denominación local y en el título de la sacerdotisa, la Pitia. El laurel también está ligado a la imagen de Apolo y, en la tradición de Delfos, aparece con frecuencia asociado a su oráculo, sus ritos y los símbolos de su victoria.
En los relatos, Delfos es un santuario compuesto por altar, templo, manantial, trípode y ofrendas. Tras matar a Pitón, se dice que Apolo atrajo a un grupo de marineros cretenses para convertirlos en sacerdotes del nuevo santuario. Desde entonces, ciudades, reyes y personas comunes podían llegar con sacrificios para consultar la voluntad divina.
La sacerdotisa transmite en el santuario los oráculos de Apolo. Los relatos subrayan que la palabra oracular a veces es clara y a veces exige interpretación reiterada, pero los consultantes la siguen considerando una respuesta sagrada procedente de Apolo. Delfos es por ello no solo un lugar geográfico, sino también un centro de decisión divina, purificación y consulta religiosa.
En "El nacimiento y regreso de Zeus" se menciona Delfos: el relato cuenta que la piedra envuelta en pañales que Crono vomitó fue colocada más tarde en la zona de Delfos, como señal de que Zeus había escapado de ser devorado y había derrocado al antiguo soberano.
En "Apolo y Pitón", Delfos es el lugar central donde Apolo mata a la serpiente Pitón, funda el templo e inaugura la tradición oracular.
En "Apolo y Dafne" se menciona que Apolo acababa de matar en Delfos a la gran serpiente Pitón, un trasfondo que explica su identidad como dios del arco y de la profecía.
En "La locura de Heracles y Euristeo", Heracles viaja a Delfos después de matar a su esposa e hijos para consultar el oráculo, y a partir de esa consulta recibe la orden de obedecer a Euristeo.
En "Heracles y Éurito" y "Heracles al servicio de Ónfale", Heracles vuelve a Delfos a causa de la muerte de Ífito, y el oráculo determina que debe quedar sometido al servicio de otra persona para pagar su deuda de sangre.