
Mitología griega
Argos es una importante ciudad-estado y centro regio del nordeste del Peloponeso en la mitología griega, vinculada a las leyendas de Ío, Dánae, Perseo y Acrisio. En los relatos aparece como escenario de palacios, patria de linajes heroicos, lugar de purificación y marco donde se despliegan oráculos sobre el destino.
Argos se sitúa en la Argólide, en el nordeste de la península del Peloponeso. La narración mítica suele relacionarla con ríos, campos, palacios y lugares cercanos como Tirinto y Nemea. La ciudad moderna de Argos forma parte del municipio de Argos-Micenas.
En la mitología griega, Argos es ante todo una ciudad real. Acrisio gobierna allí y, temiendo el oráculo según el cual su hija Dánae dará a luz a un nieto destinado a matarlo, encierra a Dánae. Tras el nacimiento de Perseo, madre e hijo quedan expulsados del orden regio de Argos y son enviados al mar. Ya adulto, Perseo intenta regresar a su patria, pero Acrisio huye de la ciudad por miedo al oráculo, que finalmente se cumple en otro lugar.
Argos es también uno de los puntos de partida del relato de Ío. La tradición presenta a Ío como hija de Ínaco y sitúa sus primeros movimientos en la zona de Argos, junto a riberas, prados y espacios sagrados de Hera. Después de ser transformada en una vaca blanca, queda bajo la vigilancia de Argos Panoptes; más tarde, acosada por un tábano, abandona su tierra y comienza un largo errar.
En la leyenda heroica, Argos cumple además una función de purificación y acogida cortesana. Belerofonte, tras abandonar su patria por una culpa de sangre, acude al rey Preto de Argos para ser purificado. Es recibido en el palacio, pero la falsa acusación de la reina lo lleva a ser enviado a Licia, episodio que abre el ciclo de la Quimera y Pegaso.
En la tradición narrativa, Argos aparece asociado a ríos, llanuras, prados y espacios propios de una ciudad real. El relato de Ío subraya la presencia de aguas claras, juncos y pastos en la zona de Argos; la ribera del Ínaco es además un escenario importante para el reconocimiento entre Ío y su padre. En la historia de Perseo, Argos se presenta más bien como centro palacial y cívico: la cámara de bronce, las murallas, el trono y la sucesión real forman su entorno narrativo.
En la geografía real, Argos se encuentra en la Argólide, al nordeste del Peloponeso, cerca de antiguos centros como Micenas y Tirinto. En la administración moderna pertenece al municipio de Argos-Micenas y continúa existiendo como núcleo urbano local.
El nombre español "Argos" corresponde al topónimo griego Argos. Debe distinguirse de Argos Panoptes, el guardián de cien ojos de los relatos: el primero es una ciudad y un centro regional, mientras que el segundo es el personaje mítico enviado por Hera para vigilar a Ío. Ambos aparecen en la historia de Ío, pero uno es un lugar y el otro una figura narrativa.
"El errar de Ío" menciona este lugar: Ío aparece en riberas y campos de la zona de Argos, desde donde queda envuelta en el conflicto entre Zeus, Hera y Argos Panoptes, y comienza su errancia.
"El nacimiento de Perseo y el oráculo" menciona este lugar: Argos es la ciudad real de Acrisio, así como el escenario del encierro de Dánae, del nacimiento de Perseo y del punto de partida desde el que madre e hijo son arrojados al mar.
"Perseo y Medusa" menciona este lugar al recordar el trasfondo en que Acrisio, movido por la realeza de Argos y por el oráculo, destierra a Dánae y a su hijo.
"El regreso de Perseo" menciona este lugar: tras completar su viaje, Perseo desea volver a Argos, pero Acrisio abandona la ciudad para evitar el oráculo que teme.
"Sísifo y Belerofonte" menciona este lugar: después de dejar su patria, Belerofonte llega a la zona de Argos, se acoge a Preto y recibe purificación.
"Belerofonte y la Quimera" menciona este lugar: Belerofonte acude a Argos para purificarse y, después de la falsa acusación de la reina, Preto lo envía a Licia.