
Mitología griega
El domador de Pegaso que mató a la Quimera
Belerofonte es un héroe griego nacido de la realeza de Corinto, que abandonó su patria para purificarse tras un crimen de sangre familiar y, después, fue enviado a Licia a morir por la falsa acusación de Estenebea. Domó al caballo alado Pegaso, mató a la Quimera que escupía fuego, venció a los sólimos, a las amazonas y a los hombres tendidos en emboscada, y al final obtuvo a la princesa y medio reino; pero más tarde, por orgullo, intentó volar hasta el Olimpo, fue castigado por Zeus, cayó desde las alturas y se convirtió en una figura de advertencia, solitaria y errante.
Aventura heroica, matador de monstruos, equitación, purificación, exilio, soberbia y castigo
Pegaso, brida de oro, lanza, fuego de la Quimera, carta secreta, alturas del Olimpo
Belerofonte procede de una tradición regia vinculada a la región de Corinto, y a menudo se lo sitúa dentro del linaje de Sísifo. Los relatos no coinciden del todo sobre su padre: algunas versiones dicen que era hijo de Glauco, mientras que otras sostienen que el dios del mar Poseidón era su verdadero padre. Esa doble tradición coloca su identidad entre la nobleza humana y el amparo divino: es a la vez un joven mortal que necesita purificación y puede ser herido por mentiras e intrigas políticas, y un héroe capaz de montar una criatura prodigiosa y cumplir tareas imposibles.
Sus primeros años quedaron marcados por un crimen de sangre. En algunas versiones mató accidentalmente a su hermano; en otras, dio muerte a un pariente de su propia estirpe. Sea cual sea el detalle, la sangre familiar le impidió permanecer en paz en su tierra. Dejó Corinto y marchó a Argos, donde pidió al rey Preto que lo purificara. Una vez purificado, se convirtió en huésped protegido por su anfitrión, y precisamente por eso quedó atrapado en un dilema de leyes sagradas aún más peligroso.
Belerofonte no es un dios, sino un héroe célebre por su valor, su destreza ecuestre, su lanza y su resistencia. Su rasgo central no es simplemente la victoria, sino “la prueba del desterrado”: carga con una culpa antigua, pero intenta respetar una nueva ley sagrada; lo envían a morir, pero vuelve con vida una y otra vez de las conspiraciones; recibe ayuda divina, pero al final confunde esa ayuda con una prueba de que puede cruzar los límites.
Sus símbolos más claros son Pegaso, la brida de oro, la lanza y el fuego de la Quimera. Pegaso lo transforma de héroe terrestre en guerrero del aire; la brida de oro representa la ayuda de los dioses y el permiso para dominar una fuerza extraordinaria; la lanza es el arma con la que enfrenta al monstruo. En el episodio de la muerte de la Quimera, se acerca desde el cielo al monstruo que escupe fuego y vence con su lanza y un bloque de plomo, demostrando no solo valentía, sino también ingenio.
Después de ser recibido como huésped por Preto en Argos, Belerofonte rechazó el deseo amoroso de la reina Estenebea. Ella, humillada y furiosa, lo acusó falsamente de haberla ultrajado. Aunque Preto se enfureció, no quiso matar con sus propias manos a un huésped al que ya había purificado y acogido. Así que escribió una carta secreta y se la entregó a Belerofonte para que la llevara al rey Yóbates de Licia; en ella pedía que mataran al portador. Belerofonte no sabía que llevaba consigo su propia sentencia de muerte y partió cumpliendo su papel de huésped y mensajero.
Yóbates, sometido también a las leyes de la hospitalidad, no quiso matarlo directamente, de modo que lo envió a matar a la Quimera. La Quimera tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente; arrojaba fuego por la boca, quemaba los campos y devoraba el ganado. Con ayuda divina, Belerofonte obtuvo la brida de oro, domó a Pegaso y, montado en el caballo alado, combatió al monstruo desde el aire hasta darle muerte. Luego el rey lo envió contra los sólimos, contra las amazonas y, además, preparó una emboscada, pero Belerofonte regresó vivo de todo. Yóbates terminó reconociendo que contaba con la protección de los dioses, le dio a su hija en matrimonio y le entregó la mitad del reino.
Sin embargo, la cima del héroe se convirtió también en su punto de quiebre. Con el tiempo, la fama de Belerofonte creció, y con ella su soberbia, hasta que quiso montar a Pegaso y volar al Olimpo. Zeus no toleró que un mortal traspasara así los límites y lo castigó, haciéndolo caer desde las alturas. Al final del relato, Belerofonte ya no es el jinete triunfante, sino un hombre que evita a la gente y vaga solo. Su destino une de manera inseparable las hazañas heroicas y el castigo de la arrogancia.
La leyenda de Belerofonte está vinculada con Corinto, Argos, Licia y otros lugares, y también con las ideas griegas antiguas sobre la purificación, la hospitalidad sagrada y los límites impuestos por los dioses. Su historia muestra cómo un héroe sobrevive entre la contaminación ritual, la calumnia y el asesinato político, y también revela la seriedad de normas antiguas como “el anfitrión no debe matar al huésped” y “el huésped no debe traicionar al anfitrión”. La batalla contra la Quimera lo convirtió en emblema del matador de monstruos y del héroe jinete, mientras que su caída final lo volvió una advertencia contra los mortales que se atreven a ofender el orden del Olimpo.
En relatos posteriores, Belerofonte suele aparecer unido a Pegaso, pero el centro de su historia no es solo el vuelo romántico. Al principio, volar es una herramienta para vencer al monstruo; más tarde, se convierte en una tentación de cruzar el límite. Precisamente por eso ocupa un lugar de fuerte ambivalencia dentro de la tradición heroica griega: es un héroe ayudado por los dioses, pero también un hombre que perdió su gloria por orgullo.
La figura de Belerofonte se sostiene sobre tres tensiones. Primero, carga con una deuda de sangre, pero en el palacio de Preto se niega a cometer una nueva injusticia, mostrando respeto por la ley sagrada y dominio de sí mismo. Segundo, una y otra vez el poder real lo envía a la muerte bajo el nombre de “misión”, pero él regresa gracias a su valor, su habilidad y la ayuda divina, convertido en vencedor precisamente por las conspiraciones que querían destruirlo. Tercero, después de la victoria olvida la frontera entre los humanos y los dioses, intenta subir al Olimpo montado en Pegaso y acaba cayendo desde la altura heroica a la soledad.
Por eso, Belerofonte no es un caballero luminoso sin mancha. Su historia empieza con sangre, termina en soberbia, y solo en medio de ambas cosas brillan sus mayores hazañas. Al hablar con él, debería recordar las llamas, la carta secreta, el caballo alado y la caída; también debería recordar que el enemigo más peligroso no siempre es la Quimera: a veces es uno mismo, cuando después de vencer todavía se niega a inclinar la cabeza.